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martes, 27 de agosto de 2013

Un nuevo romance. Cap 9

Dos semanas después
Se encontraba Maya frente a su espejo cepillando su lustrosa melena con persistencia, quería estar perfecta para que cuando la viera se quedara atónito.

La respuesta de para quien se estaba acicalando tanto era más que obvia: para ese lobito al que robó un beso hacía dos semanas.
*.*.*.*.*

Salió de la cabaña dando brincos, estaba muy ilusionada e impaciente pero también un poco nerviosa. Para ese día había elegido un kimono de color rosa suave, muchísimo más provocativo que la ropa que solía llevar. Era muy corto, para así lucir sus piernas, y con un escote que hacía salir los ojos de las orbitas a muchos hombres. Se había soltado la coleta y ahora llevaba el pelo suelto con los dos mechones que caían por ambos lados de la cabeza trenzados. Y para acabar de rematar la faena había pintado sus labios con brillo, para que le parecieran más apetecibles al chico y no se pudiera contener de volver a hacerlos suyos como la última vez. Deseaba ver la cara del youkai cuando la viera así.


Fue andando hasta llegar a los campos de arroz del pueblo, allí, bajo un árbol, se encontraba un demonio zorro unos cuantos años mayor que Maya, dormido, con la boca abierta y la baba colgando.
Estaba hecho todo un hombre y un poderoso youkai pero cuando lo veías en ocasiones como estas te parecía ver a un niño.

-"Menudo panorama º¬¬" Shippo, eh Shippo despierta.

Le movía un poco del brazo para que despertara, intentando ser lo menos brusca posible, si se despertaba enfadado no le haría el favor que ella le quería pedir. Al ver que no surgía efecto le agarró por el hombro y la zarandeó un poco más fuerte.

-Vamos despierta Bella Durmiente que se me hace tarde. -El joven en vez de despertarse emitió un sonoro ronquido que bien se pudo haber oído a unos metros de distancia.

Suspiró resignada y lo miró con resentimiento e indignación.

-¿Por-que-no-quieres-des-per-tar? -Le decía al dormido zorro separando las sílabas de su frase y pellizcándole las mejillas a cada una de ellas. Se estaba divirtiendo jugando con la cara de su amigo pero no tenía tiempo para perderlo en tonterías (y además esas tonterías ni siquiera funcionaban puesto que seguía profundamente dormido).

Se hartó, no podía esperar más o llegaría entrada la noche. Le daba igual si Shippo se enfadaba con ella. ¿Lo había intentado por las buenas, no? ¡Pues no le podría reprochar nada!

Decidida andó hasta los campos de arroz y llenó un cubo con agua, volteó sobre sus pasos, andando firmemente hasta el árbol donde se recargaba su amigo y sin ningún miramiento le arrojó el líquido del recipiente dejando a un youkai sobresaltado y empapado de aquella agua sucia. Pero al menos estaba despierto.

-¡¿QUÉ DEMONIOS...?! -Miró a su alrededor para buscar la respuesta a ese brusco despertar. Y la respuesta estaba mirándolo con una arrogante cara amable y una sonrisa descaradamente dulce.

-Buenos días Shippo n.n

-¡¿B-BUENOS DÍAS?! -Se puso de pie de un brinco y mientras le chirriaban los dientes le dijo con un tono espeluznantemente terrorífico - ¿A quién se le puede ocurrir despertar a alguien de esa manera?

-Venga queridísimo Shippo, no te enfades con tu pequeña Maya n.nº -intentaba tranquilizarle Maya con las manos enfrente, a modo de protección.

El joven suspiró para darse paciencia a sí mismo. Era una criatura igualita a su madre  con su bondad y ternura, aunque a veces su mal genio e inmadurez paterno salía a la luz. Estaba acostumbrado a que aquel pequeño diablo hiciera de las suyas y a veces él pagaba las consecuencias. Así había sido durante años pero realmente no le importaba alguna que otra vez recibir las bromas de la hanyou (solo se molestaba al principio). La quería como si fuera su hermana, y así es como la había tratado desde que nació: como a la hermana que nunca tuvo. Se divertían mucho con la compañía del otro, jugaban, entrenaban juntos y se confesaban secretos. Todos los secretos. Incluso el contacto que tuvo con Akkaku hace un par de semanas. Pero en eso Shippo intentaba estar lo menos involucrado posible y por eso le pedía que no hablara de ese tema con él, tenía el presentimiento que con los padres que ambos tenían acabarían en problemas de los cuales él no quería ser víctima.

La chica había desaparecido durante la mañana puesto que necesitaba cosas de su época. Él había supuesto que no volvería en todo el día. ¿Qué era eso tan importante que tenía que hacer? Bueno ¿Que importaba? Solo necesitaba saber por qué lo había desvelado tan rudamente.

-¿Qué es lo que quieres? -preguntó ahora impaciente, pues seguía molesto.

-Necesito que me lleves al refugio de la tribu de los hombres lobo. Yo no me sé el camino.

¿Que tenía que hacer esa chica en un lugar tan lejano y desconocido para ella?
Fue esa pregunta lo que le llevó a mirar su cuerpo y se dio cuenta del diminuto conjuntito que llevaba, de su elegante peinado y sus labios brillantes. Lo comprendió al instante.

-¡A no, de eso nada jovencita! No pienso ayudarte. ¿Sabes lo que me haría tu padre si se entera de que he contribuido a que su pequeña se viera con el hijo de su enemigo? ¿Eh, tienes la mas mínima idea?

-No se enterará, te lo prometo, iré con cuidado.

-No. -dijo tajante y dio por concluida su conversa para encaminarse en dirección a la aldea. Pero una voz se lo impidió, una que sonaba verdaderamente triste.

-Por favor Shippo, - intentaba no escuchar a la chica -me gusta mucho.

Lo que dijo lo paró en seco, era una de las pocas personas que le podía tocar la fibra sensible y con ese tono tan afligido y desolado y esas palabras le había llegado al corazón.

-Por  favor... -le repitió ahora con más pena en las palabras. El joven cometió el error de girarse para contemplar el rostro de la chica y vio que en sus ojos se formaban gruesas lágrimas.

No podía verla así, le dolía demasiado, desde pequeño no soportaba ver llorar a mujeres y aún menos si él era el causante. Le estaba atormentando así que no tuvo elección y se dio por vencido.

-Está bien, está bien. Te llevaré a dónde quieras pero por favor no llores.

El rostro de Maya se iluminó al instante y corrió a lanzarse en sus brazos y besarle en las mejillas incontables veces.

-¿Alguna vez te he dicho el gran chico que eres y lo  mucho que te quiero?

-Ya te he dicho que te ayudaré, no hace falta que me hagas la pelota ¬¬.

-Eres el mejor. -continuaba ella estrechándolo fuertemente.

-Lo que tu digas. Venga, pongámonos en marcha, cuanto antes empecemos antes se acabará. -le decía Shippo en tono exigente.

Maya tenía una sonrisa de oreja a oreja, de nuevo se había salido con la suya. Ni siquiera se dio cuenta de la falta de alguien durante horas.
*.*.*.*.*

Un hanyou caminaba por el bosque con pasos pesados, esa noche no había dormido, absorto en sus pensamientos que le producían dolor de cabeza. Inuyasha volvía hacía su hogar después de estar toda la noche fuera.

Hogar. Ni siquiera sabía si podía llamarlo así: en un hogar no hay enojo o ignoro por parte de la mujer con la que se casó y tuvo dos hijas. Hacía días que esa cabaña había dejado de ser un hogar.

Mientras el hanyou andaba cabizbajo y pensaba en sus problemas unos bracitos lo habían sorprendido abrazándolo por la cintura. Agachó mas el rostro y vio una cabecita de pelo plateado y orejas de perro. La niña levantó la vista y encaró sus dorados ojos hacia los de Inuyasha. Era Izayoi. Que lo miraba más calmada después de la preocupación que soportó al ver que no había dormido en casa ni había aparecido en toda la mañana.

-Izayoi, ¿estabas preocupada por mi?

-¿Dónde estabas papi? -al padre le hizo demasiada pena verla así por su culpa.

-Izayoi... -No sabía que responder. No le iba a decir a su pequeño cachorrito que había discutido con su madre y se había marchado furioso dando por terminada la pelea sin ni siquiera importarle si Kagome quería hablar o no, simplemente se largó sin tener en cuenta a nadie más que no fuera él. Se había comportado como un rastrero miserable, pero si se hubiera quedado un minuto más no se habría contenido de empezar a romper cosas. En vez de destrozar la aldea optó por la opción de correr toda la noche sin rumbo fijo hasta que toda la rabia desapareciera, como huyendo de los problemas cual cobarde. No, no podía soportar que otra de las personas que más quería pensara así de él. Tampoco podía mentirle. Lo único que dijo fue "lo siento" y rezó para que su pequeña lo aceptara sin insistir en el tema del abandono que, aunque solo fuera durante unas horas, seguramente era así como se había sentido: abandonada por su padre.

La niña aceptó la disculpa. Si el gran hanyou que la quería tanto se había marchado seguro que tendría una buena razón y si no la quería explicar no sería ella la que hurgaría en la herida. No debías fijarte demasiado para ver que la hija pequeña del albino, pese a su corta edad, era muy madura.

Más animado después de ver en los ojos de Izayoi un perdón decidió cogerla en brazos y llevarla junto a él a la aldea. Por el camino la niña no dejaba de hablar despreocupadamente de todo en general: de lo que había cazado, del vestido tan bonito que le había comprado su abuela, de que los aldeanos estaban preparando una fiesta para celebrar la llegada de la primavera, de sus avances en ataques espirituales, etc. Casi ni dejaba hablar a su padre que, gracias a la despreocupación y alegría características de su hija, se le estaba dibujando una sonrisa en su rostro, una que necesitaba con urgencia después de lo sucedido.

Estaba tan relajado que no se dio cuenta de lo rápido que habían llegado a su destino. Al llegar Izayoi divisó a su madre entrando en la vivienda. Rápidamente saltó de los brazo de su padre para correr hacia la joven sacerdotisa.

Al sentir el abrazo que Izayoi de regalaba se agachó para corresponder con igual de afecto. El joven padre veía ese paisaje con ternura y una pizca de tristeza al saber que le sería imposible que la bella mujer adulta le permitiera un minuto de esa sonrisa cariñosa que le brindaba a su cachorro.

-Mira mamá encontré a papá.

Le decía señalándolo con un dedo, Kagome siguió la dirección que le indicaba y se encontró a su marido andando con un aire de inseguridad, como si estuviera dudando de que acercarse a ellas era lo correcto y no marcharse para no interrumpir la conmovedora escena. Al verlo y recordar el momento en que discutieron y el porqué lo hicieron su rostro se tensó borrando completamente el rastro de su cálida sonrisa para dejar una expresión fría.

-Hola Kagome. -Le saludó intentando aparentar voz firme y suplicando mentalmente a los dioses que ella no lo dañe con afiladas palabras de rencor, como él le hizo la noche pasada.

La susodicha se puso de pie y con tono apático le contestó al saludo no muy amistosamente. -Así que has decidido volver. -dijo sabiendo perfectamente que esas palabras se le clavarían en el corazón del hanyou. Estuvo en lo cierto. Inuyasha la miraba sorprendido del tono tan frío que había utilizado esa persona que siempre había sido dulce y bondadosa. 

Las súplicas al cielo del semi-demonio para que tuviera compasión de él habían sido en vano, ¿pero que se esperaba? Después de lo de anoche se merecía todos los insultos del mundo, deseaba que levantara la mano para abofetearle con todas sus fuerzas, incluso que lo sentara hasta que no pudiera levantarse. Cualquiera de esos actos serviría para sentirse un poco menos despreciable.  

Pero nada de eso llegó, Kagome no tenía ni la más mínima intención de herir físicamente ni con insultos a ese idiota que tenía frente a ella y no porque no tuviera ganas sino porque, además de que no caería tan bajo, estaba la pequeña niña hanyou en medio, de alguna manera como barrera entre ellos dos.

La pequeña Izayoi la observaba tanto o más desconcertada que su padre. Continuamente aquel hombre tenía que dormir fuera para exorcizar a un demonio con su tío Miroku y volvía tarde al día siguiente. Su madre siempre saltaba a sus brazos llena de emoción al verlo llegar para luego besarse y decirse ñoñerías demasiado empalagosas para su gusto. Cuando ocurría tenía que marcharse para no ver a sus padres hacer esas expresiones de cariño. Pero si no lo hacía su madre le decía que se fuera a jugar con su hermana, Shippo o los hijos de Sango y Miroku y a continuación se encerraban en su casa riendo pícaramente, cerraban la puerta desde dentro haciendo que nadie pudiera entrar y se pasaban allí dos o tres horas ellos dos solos. Nunca entendió porque lo hacían, incluso se lo preguntó una vez a Maya pero esta solo se sonrojó y le contestó que era demasiado pequeña para hacer ese tipo de preguntas para inmediatamente cambiar la conversación a otro tema. También se lo había preguntado a su tío Miroku, el cual, después de reír unos segundos y de llamar a su padre "campeón" estuvo a punto de responderle pero llegó Sango tan ruborizada como lo estuvo su hermana y le dio un golpe en la cabeza con su enorme arma (que le dejó un chichón considerable) mientras le regañaba argumentando que era demasiado pequeña para saber esas cosas.

Después de unos segundos en silencio que habían parecido años, en los cuales había tenido mil pensamientos replicantes hacia su persona corriendo por la cabeza del hombre, entendió que la discusión no estaba zanjada. Deseaba volver al lado de su mujer, de la hembra que había hecho suya, pero para conseguirlo debía hablar de lo sucedido con ella y pedirle disculpas, lo cual no se le daba nada bien.

Pero de ninguna manera podía permitir que su hija oyera esa discusión, que se avecinaba igual o más fuerte que la de anoche. Posó su mirada en Izayoi que mantenía los ojos fijos en su madre y su faceta que nunca antes había visto.

-Izayoi vete a jugar fuera. -le dijo a su hija que aún miraba a su madre como si viese a alguien totalmente desconocido. 


Al escuchar la orden pensó que lo mejor era cumplirla y no quedarse en ese lugar dónde la tensión se podía cortar con un cuchillo. Estaba visiblemente preocupada, esa orden no sonaba como las que oía los otros días, con esas caras que reflejaban amor puro... No, ahora no había ese tono de cariño en sus palabras y mucho menos en sus rostros. Tenía un mal presagio.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Un nuevo romance. Cap 8


Cuando llegaron a la aldea ya estaba atardeciendo. Frente la casa de la familia de Maya estaban dos figuras, una masculina y otra femenina, mirando a una tercera que estaba contra el suelo. Al acercarse más comprobaron que aquellas dos figuras eran la de Koga y Kagome y que por lo tanto aquella tercera era la de su padre que había vuelto a hacer de las suyas.

-¡Maldita Kagome! -bramó el hanyou que acababa de tragar tierra. -¡Eso no era necesario!

No se molestó en contestarle. Lo miraba con el ceño fruncido y los ojos chispeantes. Incluso Koga se sorprendió ante el comportamiento que había tenido la miko con su marido. Ni siquiera antes de derrotar a Naraku lo castigaba con tanto odio.

Al percibir la presencia de su sucesor se giró y lo observó llegar con la hija de Kagome en su espalda para luego dejarla en el suelo cuidadosamente, pues se fijó que recientemente se había lastimado el tobillo. 
Aunque fuese hija de ese chucho era muy bella y parecía tener buen corazón ("cualidades que solo podía haber heredado de su madre" pensó).

-Padre, ¿Qué haces aquí?

-Akkaku. Me alegra ver que no te has cortado las venas al estar tanto tiempo con ese perro pulgoso.

Sus reflejos lo avisaron y tuvo que juntar las palmas de sus manos para atrapar el filo de la espada que un hanyou muy furioso le intentaba propinar.

-Tranquilízate. -apartó la espada para que el amo la volviera a dejar en su funda. Se extrañó que no hubiera adornado su intento de partirle en dos con uno de sus insultos. -¿Hoy no me insultas rabioso? ¿Qué mosca te ha picado?

El aludido no contestó. Se quedó meditando la respuesta. ¿Que por qué no lo insultaba? Porque no tenía fuerzas anímicas para pelearse como solía hacer. No después de la mañana que había tenido con su esposa que casi ni le hablaba. Su mirada se posó en Kagome, que le daba la espalda.

-¿Se te ha comido la lengua el gato?

-¡¿Te quieres callar maldito lobo sarnoso?! -decía mientras le mandaba sus puños y este lo esquivaba con facilidad, como cuando buscaban la perla y se encontraban por el camino.

-¡Ese es el pulgoso de siempre!

Mientras peleaban sus hijos los miraban como si nunca los hubieran visto así, aunque tampoco era la primera vez que los veían comportarse más infantil que ellos mismos.

- ¡CALLATÉ MALDITO LOBO! ¿Acaso has venido a mi casa a insultarme?

-Claro que no. He venido por mi hijo.

El corazón de Maya se aturó por un momento. Eran justas las palabras que tanto temía que pronunciase.
El chico estaba igual. ¿Acaso se podía tener más mala suerte? Justo en el momento más crítico, cuando había decidido no marcharse y estar junto a la chica que amaba, cuando la tenía a su en sus brazos y totalmente suya, cuando estaba completamente excitado y seguro de seguir adelante, cuando se habían declarado sus sentimientos con su primer beso... Notaba el olor de su padre acercarse rápidamente y se separaba de ella.

Era un idiota. Lo mejor habría sido hacer ver que no lo había notado y seguir con lo que estaban haciendo.
Aunque, pensándolo mejor, su padre habría rastreado su aroma hasta encontrarlo y prefería que no lo viera en una situación demasiado comprometida (y no se refería a un beso sino a algo más... íntimo...) con la primogénita de uno de sus "enemigos".

-Venga debemos irnos.

-Eh... sí, sí... pero... -balbuceaba mientras encontraba las palabras. Miró por encima de su hombro, Maya parecía triste, y como no estarlo, justo cuando se había hecho ilusiones de que el muchacho se quedaría pasa esto. -Disculpadme un momento. -a continuación cogió de la manga a Maya y la dirigió detrás de una cabaña.

-No quiero que te vayas. No es justo. Justamente ahora... -la pobre chica tenia la mirada decepcionada.

-Ya lo sé pero no podemos hacer nada para evitarlo. -intentaba hacerla racionar pero con esas palabras no la animaba mucho. Entonces se le ocurrió algo que seguro que la haría sonreír. -Oye, tengo una idea -Maya levantó la cabeza y lo miró con un poco de curiosidad -Nos volveremos a encontrar dentro de 3 días en el lago de esta tarde. A escondidas, sin que nadie nos diga que hagamos lo que no queremos o con que personas nos hemos de relacionar. -La tomo del rostro y le acarició las mejillas con las yemas de los dedos gordos, con cuidado de no herirla con las garras, y prosiguió. -Solos tu y yo pequeña. -concluyó obsequiándola con la mas sexi y pícara de sus sonrisas.

-Me parece una idea excelente -le contestó con un tono parecido al que había usado él: coqueto y sensual.

Casi sin darse cuenta sus rostros estaban siendo atraídos como por magnetismo hacía el otro para sellar su acuerdo con un beso. Pero al encontrarse a pocos centímetros...

-¡Akkaku! ¿Por qué tardas tanto? -La voz del jefe de los hombres lobo los llevó de vuelta a la tierra. 

Ambos podían oler como se acercaba. Seguramente para llevarse a Akkaku.

-Me tengo que ir, adiós. -Y seguidamente besó rápidamente a Maya.

-Adiós n/////n

-Y no lo olvides ¿vale?- dijo alejándose.

Volvió con su padre que le preguntó qué estaba haciendo y respondió con un "no, nada". Una respuesta bastante barata pero no tenía ganas de sonsacar nada a su hijo. Mientras Koga se despedía de Kagome el chico miró una última vez a la hanyou, está se despidió con la mano y un encantador sonrojo.

-Venga vámonos.

-Ah, sí.

Maya lo miró hasta que se fue.

-Hasta dentro de tres días... mi amor...

*.*.*.*.*

Durante todo el viaje Akkaku tuvo una sonrisa en sus labios. ¿Para qué negarlo? Estaba inmensamente feliz y aunque quisiera no podía esconderlo.

-¿A qué viene esa cara ¬¬?

-O_O ¿Eh? ¿Qué? ¡Ah! No, por nada n.nº

-Sí... lo que tu digas hijo. Perdona por haberte dejado tanto tiempo con ese perro sarnoso.

-Tampoco ha estado tan mal, Kagome y sus hijas me han tratado bien.

-Sí, ella siempre ha sido así.

Decía eso serio y con las facciones del rostro tensas, lo cual era raro en su padre porque parecía que estuviera enfadado. ¿Pero con quien? ¿Tal vez con Kagome? ¿O con Inuyasha? Pero eso es imposible ¿por qué debería estar molesto con él? ¡¿Es que seguía enamorado de Kagome?!
Imposible, estaba casado con su madre a la que le repetía continuamente y gritaba a los cuatro vientos que la amaba. ¿Estaba mintiendo?

Era eso o...

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Perdón, ya se que llevo mucho tiempo sin pasarme por aquí. Espero que este capítulo es sirva de recompensa por todo este tiempo. 
Por cierto, ya os habréis fijado en el "look navideño" que tiene el bloc. 

viernes, 12 de octubre de 2012

Un nuevo romance. Capítulo 7



Entonces sintió el mundo derrumbarse. Después de lo que había pasado entre ellos no podía decirle adiós así como así. No podía permitirlo.

-¿Por qué?- Preguntó alzando la voz, como si fuera una niña a la que sus padres no le dejan jugar con sus amigos.

-Es probable que mi padre me necesite para proteger la aldea. -Era la primera excusa convincente que se le ocurrió.

-Pero si fue él el que nos pidió que te quedaras, para que no corrieras peligro.

-Lo sé, pero en realidad soy más fuerte de lo que cree.

- Seguro que estarán bien, no hay ningún youkay peligroso por la zona ni ninguna amenaza... -al parecer la chica quería morir peleando. Pero estaba haciendo perder la paciencia a su acompañante.

-¡He dicho que NO! ¡Me iré mañana y no pienso hablar más del tema! -le gruñó furioso, aunque estaba más enfadado con el mismo que con ella. Al segundo se arrepintió de haberla gritado así. Encima que ella trataba de convencerle de que se quedara a su lado la trataba a gritos.

Ella lo miraba al principio un poco asustada, era la primera vez que lo veía enfadado, pero después decepcionada y algo dolida. Aunque lo intentó esconder el lobo se dio cuenta inmediatamente. Intentó disculparse con ella pero giró su cabeza hacia la dirección opuesta para no mirarle y se abrazó a ella misma.

Akkaku se sentó a su lado y le tocó el brazo para que lo mirara a lo que ella le contestó con un tirón para soltarse.

-Maya... - pero ni siquiera se giró- Vamos Maya no te pongas así. -hizo ver que no lo escuchaba. - Oh venga, no quería gritarte, lo siento.

Intentó tocarle el hombro pero se giro quedando de espaldas a él. Entonces entendió de que hubiera sido mejor callarse la boca. Se maldijo a él mismo un millón de veces por ser tan idiota. No servía de nada continuar disculpándose, el mal ya estaba hecho. Lo único que podía hacer era esperar a que se le pasara, aunque para cuando lo hubiera hecho él ya se habría ido.

"No es tan malo. Si está enfadada me costará menos irme de aquí" pensaba. Pero estaba muy equivocado, ni aunque le hubiera gritado mil veces más fuerte no podía hacer que Maya lo despreciara ni un poco, lo amaba con toda su alma. Simplemente estaba molesta por la reacción que tuvo y por el hecho de que se marchara sin dar explicaciones. El joven se levantó dispuesto a marcharse pero la chica no lo hizo.

No pensaba dejarla sola después de lo que había pasado hace un rato, y menos estando herida.

-Será mejor que vayamos a tu casa, tu padre se estará enfadando "y seguramente me quiera romper el cuello si no te llevo inmediatamente". -decía y pensaba el lobo.

Como era de esperar la hanyou se quedó quieta como una estatua. Aparentando que ese hombre no existía.
El youkay no aceptó la respuesta que le dio y no pensaba dejarla allí sola (además cada vez estaba más convencido de que lo de Inuyasha no era una exageración). La tomo en brazos con delicadeza, pues aunque era muy fuerte, la hanyou tenía un cuerpo hermoso y delicado, como si de porcelana se tratase.

Al hacerlo Maya lo miró e inmediatamente su enojo se disipó, el simple mirar del verde de los ojos de Akkaku bastaba para que perdiera de vista el mundo.

Los dos se encaminaron en dirección a la aldea de Kaede. Maya miraba a Akkaku, no podía creerse que no lo pudiera volver a ver, tenía ganas de llorar pero se esforzó para no hacerlo delante de él.

En cambio la mirada de Akkaku estaba fija en su camino. Aparentemente parecía que no pensaba en nada pero su cabeza estaba a punto de estallar. No podía evitar sentirse culpable.

-Te echaré de menos. -esas palabras salidas de los labios de la joven eran una total sorpresa para el youkay. Se paró en seco y miro a Maya, que ahora tenía la mirada fija en el suelo, tal vez para que no notara lo triste que estaba. Se aferró a sus ropas y escondió su cara en el pecho de él. -No quiero que te marches -ahora su voz sonada un poco más quebrada que antes.

El chico notó como se le partía el alma al verla así. Quería abrazarla, consolarla y prometerle que nunca se separarían. Pero no podía, sus padres los obligarían a separarse y no volverse a ver. Si no estaban saliendo por lo menos podían verse como amigos.

Amigos. Esa palabra se le clavaba en el corazón a Akkaku. Ser solo amigos era aún peor. La vería todos los días sin poder contarle lo que sentía, sin poder besarla. ¿Y cómo reaccionaría  cuando ella encontrara a un hombre al que amara y que le correspondiese? Y que haría cuando se casaran o cuando estuvieran esperando un hijo.

Se puso furioso solo ante la idea de que algo de eso pasara, sería capaz de tirarse por un barranco. Quería ser el único en su vida, al que amara y se entregase.

Sus mejillas se enrojecieron ante la idea de pasar una noche con ella. Con esa pequeña figura entre sus brazos, gimiendo y suspirando su nombre. La volvió a mirar. ¡Dios era perfecta! Tenía la piel suave y ligeramente bronceada, el pelo azabache era sedoso y brillante, recogido con una coleta, los ojos eran de un dorado intenso y brillante ,como de oro fundido, su aroma se metía por su nariz y le turbaba los sentidos, y, finalmente, su figura, lo único que se podía decir era que lo estaba volviendo loco, su cintura era pequeña y sus caderas un poco más anchas, podía tener muchos cachorros ya que ese cuerpo se adaptaría perfectamente bien a varios embarazos, sus pechos no eran demasiado grandes pero él los prefería así y sus piernas eran largas y torneadas. Sin lugar a dudas sabía que no solo la amaba. Sino que también la deseaba.

Se había vuelto a poner en marcha con su caminata mientras pensaba en todo esto. Definitivamente prefería no ver como la chica hacía su vida junto a otro hombre.

-¿Volverás a veces para visitarme verdad? -en la voz de la chica se notaba una chispa de esperanza pero desgraciadamente Akkaku la debía apagar.

-Me temo que no. -dijo simplemente, ni siquiera tenía ganas de inventarse una excusa, solo servían para que se sintiera peor.

La chica calló, intentando asumir adultamente lo que le decía. Pero no era lo suficientemente fuerte y sin poder evitarlo se formaban lagrimas en sus ojos. Las cuales fueron percibidas por el agudo olfato del lobo.

-Por favor no me odies. -susurró.

Maya lo miró muy sorprendida ¿Odiarlo? ¡Ni en un millón de años! No le gustaba que pensara que ella lo odiaba, todo lo contrario, no podía vivir sin él, por eso estaba así de desanimada ante la idea de no verlo. No iba a permitir que se fuera sin que supiera los verdaderos sentimientos hacia él. Debía decírselo. Y era ahora o nunca.

-Akkaku -lo llamó para que le mirara a los ojos- yo no te odio... nunca podría odiarte. - El joven abrió grandes sus ojos. Pero Maya no había terminado de hablar. Se acercó más hacia su cara lo que no fue impedido por el lobo. -Yo... te amo.

Y finalizó esa frase atrapando los labios de el chico en un cálido beso. El cual no se esperaba el youkai pero que después de la estupefacción correspondió de buen grado.

Maya se aferró a sus ropas y Akkaku la estrechó más fuerte para así tenerla más cerca. La hanyou creía que se moriría de felicidad. ¡Estaba besando a Akkaku! ¡Y qué beso! No era como el de aquella noche, un simple roce de labios, este era mucho más apasionado. Se besaban con necesidad, y no en vano, ese deseo apareció en el mismo momento en que sus miradas entraron en contacto. Rodeó con sus brazos el cuello de él. Abrió un poco su boca para dar acceso a la lengua ajena.

El chico comprendió e introdujo su lengua por aquella humada cavidad mientras acariciaba la de la chica que amaba, la cual al sentir su tacto dejó escapar un suspiro.

Sentía que las piernas perdían fuerza y temblaban ligeramente por lo que se dirigió a un árbol que tenía al lado y se apoyó contra él sin separarse en ningún momento de los labios de Maya.
Akkaku se sentó y colocó a Maya sobre él. Las piernas de la chica estaban cada una a un lado del youkai y este posaba sus manos en la cintura femenina.

Era una delicia. Sus lenguas luchaban entre ellas para saber cuál expresaba mejor los sentimientos que sentían por el otro, sus dientes chocaban levemente, y sus labios no se alejaban si no era para tomar aliento.

Las manos del chico se deslizaron por su espalda y la acariciaron mandando así miles de descargas eléctricas por todo el cuerpo de la muchacha.

Se sentían como si hubieran muerto y estuvieran en el cielo. Ahora Akkaku no pensaba en lo que pensarían sus padres, todos los pensamientos coherentes se habían esfumado de su mente en el mismo momento en que Maya había dicho la última palabra y ahora solo seguía sus instintos. Y sus instintos le decían que con unos besos no era suficiente, necesitaba más de ella, y el pensamiento era mutuo, así que levantó su mano, un poco temblorosa, y la empezó a dirigir hacia uno de los firmes pechos de la hanyou.

Pero se quedó a medio camino. Algo le obligó a romper ese beso. Un olor. La chica hizo un pequeño gruñido de molestia pero no fue escuchado por el lobo que tenia la mirada concentrada en un punto del bosque. Maya no entendía su comportamiento, en el lugar donde miraba el youkai no había nada, al menos nada fuera de lo común. Lo comprendió de inmediato cuando el chico dejó caer una palabra: Padre.

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Hola!!!!
¿Bueno que les ha parecido? 
¡Al fin ha ocurrido el tan esperado momento: EL GRAN BESO!
No pongo imagenes porque es imposible encontrar una de los hijos de Inuyasha y Koga. Ni siquiera de Koga y Kagome que me gusten u.u 
Quería decirles que estos capítulos los había escrito durante el verano y a partir de ahora no podré subir caps tan a menudo (pero para compensarlo intentaré hacerlos más largos) porque entre el cole y las extra escolares me voy a dormir a las 00:00 acabando los deberes.




Finalmente me gustaría dar la bienvenida a dos nuevas seguidoras:

¡¡¡¡¡Bienvenidas Stefi y Gabriela Duran Mora!!!!!

miércoles, 3 de octubre de 2012

Un nuevo romance. Capítulo 6


Al levantarse Inuyasha le preguntó a su esposa: ¿Dónde está ese niño? A lo que Kagome respondió molestada con un frio "No lo sé". Se levantó dirigiéndose hacia la puerta, pero Inuyasha la agarra del brazo y la gira hacia él.

Inu: ¿Qué es lo que pasa?

Kag: Nada- responde tajante

Pero a él esa respuesta tan falsa no le valía.

Inu: ¿Porque diablos no me quieres contestar? Llevas toda la mañana de mal humor.

Kag: Déjame en paz Inuyasha. -Intentó forcejar pero la tenía muy bien sujeta, se estaba enfadando- ¡¡¡SUELTAME!!!

Inu: Estoy arto de esa actitud que tienes contra mí. Si no me lo quieres contar -La toma por el mentón- te obligaré a que me lo digas -Decía con voz seductora.

La besó en los labios tomándola por el mentón con una mano y por las muñecas con la otra. Intentó introducir la lengua en su boca pero ella apretaba la mandíbula para que no pudiera. 

Al fin Inuyasha comprendió que no estaba de humor, se apartó y soltó un poco su agarre. Ella aprovechó y lo empujó para alejarlo. Salió de la cabaña casi corriendo. Por su parte, el hanyou estaba confuso, NUNCA, ni una sola vez, había sido rechazado por Kagome cuando tenía ganas de "jugar". No sabía que pasaba pero fuera lo que fuese sabía que no debía continuar así.
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En otro lugar se encontraba a un joven lobo cerca de un lago.  Era muy hermoso, el agua era completamente lisa, tanto que parecía un espejo. Esa vista le pareció muy tentadora al chico, que cogió una piedra y la lanzó al lago haciendo que rebotara tres veces. Solo hacia eso para dejar de pensar en cierta hanyou, tal vez la más hermosa que había visto en su vida.
Estaba tan distraído que no oyó unos pasos que se acercaban.

 ¿?: Hola.

Al oírlo, el lobo se sobresaltó pero cuando se giró vio a la persona de aquella dulce voz y le sonrió.

Akk: Maya... - Se fijó en las vendas de su pie- ¿Ya no te duele?

Maya: Soy una hanyou fuerte, solo llevo las vendas porque mi madre me ha obligado

Akk: Me alegro -dijo regalándole la más tierna de sus sonrisas, que enterneció a Maya

Ella se sentó a su lado, frente al lago. Se quedaron un rato en silenció, ninguno sabia que decir. Para romper el hielo Akkaku cogió otra piedra y la lanzó hacia al lago causando el mismo efecto que la anterior.

Maya: Vaya ¿cómo  lo haces?- Preguntó ella curiosa.

Akk: ¿Eh?

Maya: Lo que acabas de hacer, el que la piedra pueda rebotar sobre el agua.

Akk: Ah, pues es muy fácil,- le dio otra piedra a ella- solo tienes que lanzarla lo más recta posible y girar un poco la muñeca.
Maya siguió sus instrucciones pero la piedra se hundió solo al tocar el agua.

Maya: o.o, u.u, parece que no me sale.

Akk: No la has lanzado bien- agarra otra piedra y se coloca detrás de ella y la cogió de la mano, lo que puso a Maya aún más nerviosa ya que notaba la respiración y el calor del chico, estaba situada entre las piernas de este y se tomaban de sus manos derechas, la cual (la de Maya) temblaba un poco.

Akk: Mira tienes que lanzarlo más fuerte, así -y la lanzó correctamente- lo ves n.n

Maya: Wau, gracias n.n -decía mirándolo y sonriéndole.

Akk: o/////o n-no hay de qué.

Se quedaron un rato mirando el paisaje, en poco rato esa postura tomada para enseñar a lanzar a la chica se había vuelto un abrazo. Se encontraban muy a gusto con la compañía del otro. Maya miró el lago.

Maya: Es muy hermoso ¿verdad? -dijo distraídamente.

Akk: Casi la mitad que tú -contestó sin darse cuenta

Maya: ¿Qué? o////////////o

Entonces Hakkaku fue consciente de lo que había dicho.

Akk: No nadanadanada -respondió tan rápido que casi no se le entendía.

Una imagen pasó velozmente por la cabeza de Maya, o mejor dicho, un beso.

Maya: ¿Que pasó después de que cayera al rio? -preguntó sin mirarle a la cara.

Akk: O.O o////o Pues nada, que te saqué del rio y te llevé a la cabaña abandonada donde despertaste.

No tenía ganas de explicarle que le tuvo que hacer el boca a boca y menos aún que le tubo que presionar el pecho para que escupiera el agua, si se lo hubiera contado tal vez pensara que lo hacía para meterle mano. Era más que probable que le diera una bofetada si se llegaba a enterar.

Maya: ¿A si? -preguntó aun sin mirarle- Y que pasó con la cascada?

"Mierda" pensó él, se había olvidado de que ella se crió en aquella tierra, y por lo tanto conocía el terreno de memoria. Al no obtener respuesta se giró para mirarlo. Era lo peor que podía hacer, estaban tan cerca que podían notar sus alientos chocando y el sonrojo intenso del otro.

Maya: Akkaku -lo llamó para que le contestara. Era la primera vez que pronunciaba su nombre, lo puso más nervioso aún.

Akk:  -¡No podía hacer nada mas, no respirabas ni te movías! No intentaba aprovecharme de ti mientras estabas inconsciente. ¡No sé de qué me acusas, no soy ningún pervertido!

Decía todo eso para excusarse de una acusación que creía que había hecho Maya, aunque ese no era el caso.

Maya: ¡¿QUE TU QUÉ O/////O ?!

Akk: *Mierdamierdamierda* -pensaba. Creía que la chica se había dado cuenta del beso (se refiere al primero) y por eso le preguntaba, pero ella no tenía ni idea y tonto de él se la contó.

Akkaku tenía las mejillas como dos tomates y estaba verdaderamente avergonzado. Maya no estaba mejor pues había enrojecido hasta la raíz de sus cabellos, había tocado los labios de Akkaku con los suyos propios ¡dos veces! Se rozó los labios con la yema de los dedos, como si buscara algún rastro de aquel momento. La verdad es que se sentía verdaderamente feliz. Se quedaron sentados sin hablar durante un rato.

El youkai pensó que el silencio era porque la chica estaba molesta con él. Se entristeció al pensarlo. Había un hanyou que lo odiaba y lo último que necesitaba era que su hija también. Se levantó y sin mirarla dijo:

Akk: Será mejor que nos vayamos, tengo que recoger mis cosas - ella lo miró sin comprender- mañana me vuelvo a mi aldea.